lunes, 6 de abril de 2009

La Zootecnia y la Historia natural


Hasta la aparición del industrialismo y el naciente capitalismo no se desarrollan
técnicas de alguna importancia que fueran sustituyendo las formas arcaicas de
explotación pecuaria. Durante la edad media, si bien se dieron algunos
avances, principalmente en la agricultura; tales como la aparición del cultivo de
la remolacha azucarera en Sicilia en 1198, se consideró que los animales, con
excepción del caballo, eran un mal necesario. Esta circunstancia, como es
lógico, retardo notablemente el avance de la zootecnia. Los animales de granja
eran considerados únicamente, por los agrónomos célebres, como los motores
necesarios para laborar el suelo, para transportar los productos, para producir
estiercol para abonar la tierra y contituían en realidad una carga para la
agricultura.

A partir del siglo XIV se dan en Europa trees feomenoms socioeconómicos
importantes: en primer lugar se produce el desmalntelamiento del sistema feudal,
fundado sob re la noición generalizada de que el poder y la propiedad desendian
conforme a una ley natural, eterna e inmutable desde el encumbrad señor, hasta
el más humilde de los siervos a través de una gama de intermediarios. Al lado de
esta concepción socio – política, la iglesia había levantado su estructura
jerarquica en forma similar a la sociedad feudal civil; en la estructura
eclesiástica el poder y la gracia espiritual descendian del papa, recorriendo
todos los canales de la cristiandad, a través de sus obispos y sacerdotes. Así, la
iglesia que servía de apoyo al orden feudal basado en las relaciones del señor y
el ciervo, había levantado hábilmente su estructura social y sus prácticas
devotas, alrededor de la misma sociedad. La quiebra de este sistema, una de
cuyas manifestaciones económicas más importantes es la acumulación
originaria de capital, descrita magistralmente por Marx, presenta como una de
sus formas más destacadas, la usurpación de los terrenos y su acumulación en
manos de los terratenientes, lo que implicó además, el cercamiento de las tierras
considerado por Dynnik, como uno de los rasgos caracteristicos del fenomeno de
acumulación capitalista originaria.

Con el cercado como manera de delimitar los terrenos, antes comunales,
apareció uno de los factores más importantes que respondían a la necesidad
de desarrollar la ganaderia , y se posibilitaba por primera vez un control del
cruzamiento de los animales, como Darwin** mismo lo ha señalado; práctica que
ates se hacía imposible dado el carácter comunal de los terneros, lo que
permitía el libre movimiento de todos los animales existentes en el lugar. Fue
precisamente hacia los últimos decenios del siglo XVIII cuando “se borraron
hasta los últimos vestigios de propiedad comunal de los braceros”. Según lo
señala Marx***. Este fenómeno de apropiación de las tierras deja libres a gran
cantidad de campesinos que van a conformar la mano de obra disponible en las
concertaciones urbanas, en proceso de formación, como centro de actividad
comercial del naciente capitalismo, para el desarrollo del industrialismo que da
origen al segundo acontecimiento que queremos destacar.

En efecto, con la aparición y desarrollo del industrialismo aparecen grandes
masas de obreros que requerían para su subsistencia, condicones de
alimentación y vestido que les permitiera laborar. Este fenómeno se dio al
mismo tiempo que se incrementaba notablemente la población, particularmente
en Inglaterra. Es así cojmo por pirmera vez en la historia, en el XVIII, la población
de Gran Bretaña casi se duplicó, elevándose de 8 a 15 millones de habitantes*.
El tercer acontecimiento al que quiero referirme, es el de las guerras
napoleónicas, las cuales según Cole**m ocasionaron la elevació de los precios
del trigo, de la carne y de casi todos los productos agrícolas y crearon una
demanda insaciable tanto para alimentar la población del país, cada vez mayor
y de los ejércitos en el extranjero, como para compensar la devastación de gran
parte del continente europeo.

Estas circunstancias y otros fenómenos concomitantes, provocaron una
revolución en la técnica agrícola de la cual no escapó la producción animal y
que se reflejo, entre otras cosas, en el cultivo de nabos para el ganado ovino en
Inglaterra, la técnica agrícola a pesar del innovador Tull y las modifcaciones en
la cría del ganado al frente de las cuales se menciona a Bakewell; innovaciones
todas que se presentan principalmente en el período comprendido entre 1750 y
1800. También por el mismo tiempo, el arte de la equitación llega a su más alto
grado de perfección y las academias son instituidas en Italia, Inglaterra, Francia y
Alemania para estudiar con presición, dice Diffoth*, el adiestramiento de los
caballos , la creación de yeguerizos y los métodos de reproducció. Este
proceso en los equinos, que pasaron a ser un gran distintivo del abolengo
aristocrático; al cual quería acceder la naciente burguesía, se inició con las
carreras de caballos que aparecieron en Inglaterra al inicio del siglo XVI y
alcanzó su más alta configuración con la creación del “Stud Book”, en Inglaterra en
1791.

Este marco de profunda transformación social, provocó una completa reubicación
de los elementos que conformarían la Zootecnia, apoyados fundamentalmente en
la nueva exigencia del aparato industrial, de incrementar la producción pecuaria
para alimentar las masas de trabajadores concentrados en los conglomerados
fabriles, credos por la nueva estructura capitalista. Se produce así una
relocalización del animal doméstico, como objeto de trabajo de a ciencia
animal. Dos fenómenos deben tenerse en cuenta para lograr un análisis
correcto de la situación de un lado un hecho económico ligado a la situación
socioeconómica que se describió anteriormente; a partir del año 1500, se eleva
el precio de la lana a consecuencia del auge de las manufacturas flamencas,
esto hizo pensar a los nuevos terratenientes En la importancia económica de
este animal y las demandas alimenticias a que se ha aludido anteriormente. Del
otro lado, las exigencias tecnológicas del nuevo capitalismo que se ubicaban
fundamentalmente en la mecánica, ante todo en el carácter mismo del progreso
de la técnica. Esta orientación del pensamiento tuvo expresión concreta en varios
hombres destacados de su tiempo, dentro de los que cabe mencionar a
Copémico, quien dio un viraje al sistema polémico sobre el movimiento de los
cuerpos celestes. En su libro publicado el año de su muerte 1543 de revolution
ibus orbium colestium), se concretan unos elementos nuevos que fueron
profundizados por Bruno, Kepler y Galile y que condujeron a la elaboración de las
leyes del movimiento, por Newton. En realidad se estaba produciendo una ruptura
epistemológica ya que es claro que “los problemas mecánicos planteados por la
nueva astronomía no podrían ser resueltos por la mecánica de Aristóteles” ; en
realidad lo que ha dicho Hull* a propósito de Platón y Aristóteles, es perfectamente
vigente en este caso: La diferencia “ no se refería a la mera discusión técnica...
era algo más importante: el conflicto entre dos modos de aproximación intelectual
al mundo, abismática, esencialmente diversos, y que ni siquiera hoy pueden
reconciliarse”.

Este desarrollo pragmático de la nueva concepción epistemológica, de la
mecánica celeste, tuvo su expresión teórica.
En Bacón, a quien se le suele considerar equivocadamente como el padre del
método científico. En realidad, Bacón se constituyo en el “filósofo de la revolución
industrial como tan acertadamente lo ha denominado Farrington**, y en
consecuencia propugnó por la necesidad de poner en relación la ciencia con la
industria. Aconsejaba que se dejara de un lado toda le erudición y que los
hombres estuvieran en contacto directo con la naturaleza, que se debía reflejar en
lo que él definió como una historia natural y experimental no recargada con
literatura y erudición.

Quedaba así establecido el nuevo rumbo de la ciencia, de la historia natural. El
conocimiento se orientaba ahora a definir el correcto ordenamiento de los objetos,
se sustituye la revelación por el análisis y se dedica tod el esfuerzo científico hacia
la descripción y ubicación de las series de objetos que constituyen los distintos
conjuntos naturales. Este abandono de los preceptos escolásticos, consignados
en los textos Bíblicos, elementos sobre los cuales giró el libro abierto de la
naturaleza y surgen tres puntos de referencia que convergen hacia un mismo
centro. Ellos son: en cuanto a las relaciones de producción, la aparición del saber
utilitarista, como lo denomina Foucault*, una de cuyas proposiciones
fundamentales es: “Toda riqueza nace de la tierra**, en cuanto a los seres vivos
aparece la teoría de los animales máquinas como la denomina Jacob*** por último
en el aspecto de las relaciones entre los seres, dice Foucault****” se pensarán
bajo la forma del orden y la medida, pero con ese desequilibrio fundamental que
consiste en que siempre se pueden remitir los problemas de la medida a los del
orden”.

Todos los elementos mencionados anteriormente sirvieron de marco para que la
ganadería tuviera un desarrollo característico. Se ha visto anteriormente como era
una exigencia de las condiciones sociales, el que se desarrollar la explotación
ganadera. Era necesario entonces mejorar la producción ganadera y no existía
ninguna técnica con formulación claramente científicas. En realidad, como lo
plantea Foucault*, “el siglo XVII señala la desaparición de las viejas creencias
supersticiosas o mágicas y por fin, la entrada de la naturaleza en el orden
científico”.

Dentro del marco del naciente capitalismo, dos elementos adquieren una gran
vigencia: de un lado, como ya se había dicho, la mecánica era la forma de
pensamiento propia a todos los campos del saber, como respuesta a la necesidad
que de ella tenía el proceso industrial, Jacob** lo ha expresado muy gráficamente
cuando ha dicho que “el mecanismo es tan natural y tan necesario en la edad
clásica como lo será una cierta forma de vitalismo en el inicio de la biología”. Del
otro lado la forma de producción capitalista da plena vigencia a la mercancía.
Estaba dado pues el marco dentro del cual surge un tipo de zootecnia que iría
madurando y adecuándose a las exigencias de las formas de producción
capitalistas.

Era necesaria buscar la manera de hacer del animal una mercancía, no en su
forma más elemental, como ya lo era sino de nuevo cuño, de cuño moderno. Era
así necesario ponerle un sello que lo distinguiera de los demás de su misma
especie y género, tarea esta que caía dentro de la esencia y ocupación de la
historia natural.

Ese paso de identificación del animal como mercancía lo dio lógicamente
Inglaterra, el país de más avanzado desarrollo capitalista, aunque no de mayor
producción agrícola. En realidad el nuevo desarrollo no correspondía a un
proceso de avance normal de la producción ganadera, sino que era una necesidad
del capitalismo y fue dentro de esta donde se dio precisamente.
Si bien se suele identificar a R. Bakewell, un terrateniente inglés que vivió entre
1725 y 1795, “como el más grande pionero de la cría animal”*, en realidad la
aparición de la nueva perspectiva cobijó un amplio sector de la ganadería inglesa
y se reflejó en aquellas especies animales cruciales en el momento, para el
sistema económico imperante: ganado lanar, fuente de materia prima para la
industria más floreciente, la textilería inglesa; el ganado bovino de carne, fuente
importante de alimentación y el caballo como fuente de fuerza de trabajo para la
agricultura y de recreación para las clases altas.

Un párrafo de Darwin nos ilustra con extraordinaria claridad, la forma como surgió
esa nueva mercancía del mundo capitalista; la raza. Dice Darwin*. Youatt, quizá
el hombre que más conoció las obras de los tratadistas de agricultura y que era él
mismo muy buen juez de animales, habla del principio de selección como el que
“permite al agricultor, no sólo modifica el carácter de su rebaño, sino cambiarlo
completamente. Es la varita mágica por la que se dá vida a cualquier forma y
modelo que le plazca!”

Fueron pues, los mayores terratenientes creando su propios prototipos de
animales, mediante la aplicación de las técnicas que permitía el saber de la
historia natural de la época, técnicas apoyadas sobre el análisis de las diferencias
y de las identidades, lo que permitía seleccionar a aquellos animales que más se
ajustaban al modelo propuesto; se aprovechaba luego aquella particularidad
señalada en la época para los seres vivos, la propiedad de engendrar sus
semejantes. **He aquí la razón de ser del amplio uso de la consanguinidad entre
estos criadores. Cualquier estudiante de zootecnia conoce el pedrigree del
famoso toro-Comet, reproductor fundador de la raza Shorthorn, que mostraba un
coeficiente de consanguinidad. De 0,47 Es entonces un error atribuír a Bakewell el
mérito de ser el padre del mejoramiento animal. En efecto, el mejoramiento
animal como lo entendemos hoy en día, incluye tres elementos fundamentales en
su sistema de trabajo cuales son: el concepto de gene y cromosoma que apareció
sólo un siglo XVIII, tal como lo ha hecho notar Canguilhem* y cuya aparición lo
hizo posible la teoría de la evolución de Darwin; y por último aparece por primera
vez con Darwin**.

Para el siglo XVIII, como se ha venido analizando, no era posible desarrollar sino
una mercancía especial, ajustándose a los requerimientos reconocidos de la
época. De la granja de Bakewell surgió la raza Shire en caballos. La longhorn e
vacunos de carne y la raza Leicester en ovejas. Estas mercancías
Especiales, eran el artículo de comercio de la Disheler Societ; que organizó
inicialmente un monopolio de reproductores en la región, los cuale eran alquilados
a los granjeros vecinos por una retribución no menor de 50 guineas por
temporada, manteniendo además la Dishler Society el derecho de controlar toda la
descendencia*. Más tarde se refinó este sistema en pasos sucesivos sí: Los
hermanos Colling, contemporáneos de Bakewell, desarrollaron en su granja la
raza vacuna Shorthon para carne y mediante un amplio montaje de propaganda
que incluyó un viaje de exhibición que duró seis años**. Lograron imponer su
artículo de consumo. Las ventajas de estos sistemas de oferta de mercancía
fueron obvias; en efecto Charles Colling llegó a vender el toro Comet al que nos
referimos anteriormente por, el precio record en su tiempo de 1000 guineas***. El
mismo Darwin****, se refería a estos terratenientes como a los pioneros de la
selección cuyos reproductores de pedigree se exportaron a altos precios. A
Colombia misma, se importaron a mediados del siglo pasado varios ovinos de la
Dishley*****. Fueron así apareciendo ferias exposiciones que se iban modificando
de simple mostrarios a verdaderas competencias. Surgen entonces
organizaciones oficiales como la “Royal and Yorkhire Shows” hacia 1839, que
estimulan estos eventos mediante premiaciones. Este desarrollo de los eventos
crea dos elementos nuevos. Hacia 1822, la familia Coates, siguiendo el ejemplo
de los criadores de caballos, quienes desde 1791 habían iniciado el sistema de
registro, abrieron el primer libro de registro gebneológico para vacunos Shorthorn.

Se iniciaba así la llamada época de la raza pura. A esta siguieron otras y antes de
terminar el siglo XIX, se habían fundado ya casi la totalidad de las asociaciones de
ganado existentes hoy en día en el mundo occidental.
El otro fenómeno íntimamente ligado al anterior es la confección de las cartas de
juzgamiento, la primera de las cuales aparece en 1833 para la defensa de la raza
Jersey.

Se completaba así el trípode sobre el cual se impulsa una nueva mercancía, la
raza pura. Lush* explica la aparición de las razas con este interesante diálogo
anónimo: “Las gentes no se dice unas a otras: “establezcamos una raza”! Más
bien se dirían: ¡Aquí tenemos ya una raza útil y rentable. Debemos proteger su
pureza y nuestros propios intereses como poseedores de este valioso pie de cría y
los intereses de los compradores que desean ejemplares genuinos de esta raza!”.
Está así claramente expresado que el interés fundamental de las asociaciones de
criadores eran proteger sus propios intereses y el libro genealógico era la manera
más expedita de mantener dentro de un círculo cerrado de personas terratenientes
casi siempre, el control económico sobre los “núcleos más puros” de una
determinada raza. Con las importaciones de estos ejemplares por ganaderos de
otros países, se hizo aún más nítido este interés oligopólico. Tal fue el caso en
Estados Unidos y en Argentina, donde apartIr de las primeras importaciones, se
cerraron los libros genealógicos de las razas, dando así lugar a graves olas de
especulación*. De otro lado, es también muy diciente que la importancia de
“proteger la pureza de la raza” pueda ser ilustrada con el hecho de que en Estados
Unidos, según anota Lush, ** los porcinos Berkshire, los vacunos Holstein.

Friesian y Ayrshire y los ovinos Hampshire, hubieran abierto sus libros
genealógicos primero que en sus países de origen.
La aparición de las cartas de juzgamiento, que parece haber sido tomada de
sistemas que se utilizaban desde hacía ya mucho tiempo en Inglaterra para el
juzgamiento de palomas y perros, nos da bases para pensar que el objeto central
de estas cartas era realzar los criterios convencionales de belleza, al fin y al cabo
se estaba en la época victoriana, que identificaban con su marca de fábrica a los
animales, más bien que mejorar realmente a productividad, mediante una
selección orientada con sentido de incrementar económicamente la producción de
alimentos de origen animal.
Se tenía así una mercancía identificada adecuadamente y controlada en su
producción, a la que era necesario promocionar públicamente, para lo cual se
desarrollaron las exposiciones. Se estaba así, en la antesala de zootecnia
moderna.

No hay comentarios:

Publicar un comentario